La semana pasada se estrenó el documental “Uyariy” de Javier Corcuera y, como lamentablemente sucede últimamente, evidenció los retos que enfrentan las producciones audiovisuales en el Perú.
Por Pedro Rodrigo Falcón Sarango. 20 enero, 2026. Publicado en diario Correo, el 20 de enero de 2026En su lanzamiento, la cadena de cines encargada de la distribución de la obra redujo inicialmente los espacios de exhibición y asignó horarios poco favorables para su reproducción, lo cual generó preocupación, rechazo y alarma. Resaltó la poca visibilidad de la obra frente a producciones de mayor alcance comercial.
La respuesta ciudadana fue inmediata y se canalizó principalmente a través de las redes sociales, plataformas digitales que hoy en día son un espacio de amplia e inmediata difusión de contenidos.
Esta rápida transmisión de los mensajes derivó en un pedido colectivo para que se restituyeran funciones y se ampliara la cobertura de salas cinematográficas, especialmente en Lima. Ante esta situación, la empresa ajustó su programación y extendió la exhibición del documental en distintas regiones del país, aunque – a la fecha- aún es limitado su alcance.
Este episodio, que se suma a otros similares ocurridos en años recientes, permitió observar, una vez más, que las audiencias culturales han dejado de ser receptoras pasivas para convertirse en actores activos dentro de la esfera pública nacional.
Al mismo tiempo, se mostró el doble papel de los medios de comunicación: por un lado, son canales válidos y potentes para transmitir la voz ciudadana y, por otro, se convierten en espacios que visibilizan las tensiones persistentes entre las lógicas de mercado y las necesidades de promoción de la cultura.
En definitiva, este caso, nos invita a reflexionar sobre la interacción entre ciudadanía, industrias culturales y mercado en el Perú actual.








